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Andalucía Arde Mientras el Campo espera Respuestas

Cada verano volvemos a vivir la misma pesadilla. Andalucía arde. Cambian los nombres de los pueblos, cambian las familias que lloran a los suyos, pero el resultado es siempre el mismo: montes calcinados, vidas rotas y un sinfín de explicaciones cuando el daño ya está hecho.

No sé qué ocurrió exactamente en el incendio de Los Gallardos. La investigación dirá qué pasó y habrá que respetar sus conclusiones. Pero hay algo que me cuesta aceptar: que, una vez más, el debate termine centrándose únicamente en si unas personas tomaron el camino equivocado o si actuaron con imprudencia.

¿Y la prevención? ¿Y el cuidado del monte? ¿De verdad podemos decir que nuestros montes están en las condiciones que deberían? Quienes vivimos el mundo rural sabemos que queda mucho trabajo por hacer.

¿Para qué sirven tantos planes de emergencia, protocolos y documentos si después no se destinan los recursos suficientes para cuidar el territorio? Los planes son necesarios y el Plan Infoca es imprescindible. Sus profesionales se juegan la vida cada verano para proteger a personas, viviendas y nuestro patrimonio natural. Son auténticos héroes, pero no se les puede pedir que solucionen con agua y esfuerzo lo que durante años no se ha prevenido.

Proteger la naturaleza no significa abandonarla. Un monte cuidado también es naturaleza. Recuperar el pastoreo, apoyar a ganaderos y agricultores, mantener limpios los montes, los pastos públicos, las dehesas y los caminos forestales es también conservar el medio ambiente. La naturaleza necesita equilibrio, no abandono.

Da la sensación de que cada vez se exige más al mundo rural y, al mismo tiempo, se le escucha menos. A quienes viven del campo se les imponen normas, restricciones y burocracia, mientras la prevención sigue sin ocupar el lugar que merece. Después llega el verano, llegan las llamas y vuelven las mismas explicaciones.

Por supuesto que el cambio climático influye y hace que los incendios sean más peligrosos. Pero precisamente por eso la gestión forestal debería ser una prioridad absoluta. No puede convertirse en la única respuesta para justificar que cada año perdamos miles de hectáreas y, lo que es peor, vidas humanas.

Nuestros políticos tienen la responsabilidad de mirar más allá de la emergencia. No basta con aparecer cuando el incendio ya está declarado. Hay que invertir en prevención durante todo el año, apoyar al mundo rural, escuchar a quienes conocen el monte y cuidar el territorio antes de que llegue el verano.

Porque el Infoca seguirá estando donde siempre está: dando la cara, arriesgando su vida y haciendo todo lo posible por salvar la nuestra. Pero ningún operativo, por preparado que esté, puede sustituir una buena gestión del monte.

Andalucía no necesita más excusas. Necesita prevención, gestión, inversión y compromiso. Porque cuando el fuego empieza, ya hemos llegado tarde.


Cristina Fdez Rojo


 
 
 

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