la puerta más bonita llega a Constantina
- Cristina Fdez Rojo
- hace 4 días
- 2 min de lectura
Fueron solo tres días, pero me bastó para darme cuenta, una vez más, de que las cosas no son siempre como nosotros pensamos, pues nuestro criterio, por muy nuestro que sea, no siempre es el acertado.
Este mes hemos recibido la visita de un grupo muy especial, un grupo diferente, pues casi todos sus componentes acababan de cumplir la mayoría de edad e iban acompañados de sus profesores y monitores.
Juntos recorrimos nuestros senderos, conocieron el Castillo y el Cerro del Hierro, paseamos por San Nicolás y Constantina, visitamos las Cascadas y el Jardín Botánico, e intenté que su visita a nuestro pueblo no fuera una visita más. Y aunque no sé si lo conseguí, cuando me despedí de ellos recibí el mayor regalo que la vida te puede dar: una gran lección de vida.
Ahora es cuando os preguntaréis por qué este grupo ha sido para mí tan especial y cuál es el motivo de este post.
Pues veréis, este grupo de jóvenes pertenece a un centro llamado UFIL Puerta Bonita, fundado hace ya muchísimos años y dirigido sobre todo a chavales desescolarizados y en riesgo de exclusión social. Chavales que, por su situación, han tenido que emigrar a nuestro país buscando una vida mejor, o que han tenido una infancia injusta por culpa de una cultura o una sociedad diferente a la nuestra. Chavales que solo intentan buscar un futuro mucho mejor que el presente que ahora mismo tienen.
Para ello están en la UFIL, para labrarse un futuro. Pero no están solos. Junto a ellos hay un equipo de monitores y profesores con una capacidad humana difícil de encontrar, que luchan día a día para que estos jóvenes salgan adelante y se conviertan en grandes profesionales, ya sea como jardineros, cocineros, carpinteros o camareros, pues son algunos de los módulos que el centro imparte para que, cuando salgan, puedan tener una vida laboral sana y labrarse un merecido futuro.
Por eso, para mí, este grupo ha sido tan especial. No por quienes son, ni por lo que serán, sino por lo que todo ello representa y, sobre todo, por quienes luchan para que estos jóvenes salgan adelante: ese grupo de docentes que no solo hacen su trabajo, sino que también se implican.
Gracias al esfuerzo del centro, los chavales de la UFIL Puerta Bonita pueden tener una vida mejor y, por supuesto, un futuro más esperanzador.
No sé qué futuro les esperará a estos chavales, a los que tuve la gran suerte de conocer, pues su comportamiento hacia nosotros fue de sobresaliente. Lo que sí sé es que ya quisieran muchos de nuestros jóvenes de hoy en día parecerse a los alumnos de la UFIL Puerta Bonita.
Me alegro de haberos conocido. Ha sido una gran lección de vida.
Os deseo lo mejor.




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